martes, 20 de junio de 2017

Banda Intercontinental Poopó alista concierto

La Banda Intercontinental Poopó realizará el viernes el sexto concierto de beneficencia al Refugio Municipal Zenobio López. La actividad se efectuará en el Teatro al Aire Libre Jaime Laredo a partir de las 19.00.

El espectáculo empezará al ritmo del conjunto folklórico Llajtaymanta, luego los 190 músicos quienes componen la Banda Intercontinental Poopó harán una demostración de su principal repertorio musical.

Para cerrar con broche de oro, al compás de las trompetas, bombos y platillos, la banda realizará un ensamble con el cantante y actor mexicano Pablo Montero, quien llegará a La Paz mañana, informó a Cambio la coordinadora de la afamada banda orureña, Indira Oblitas.

Las entradas están a la venta en la oficina central de Súper Ticket, en tiendas de la cadena Discolandia, en el shopping La Chiwiña de la zona San Miguel y en el centro comercial Illimani de El Alto. Los boletos cuestan Bs 70, general; Bs 90, VIP y Bs 230, Gold.

Más de medio siglo de vida

La Banda Intercontinental Poopó fue creada por el músico y compositor Sinforiano Gonzales Benito el 4 de enero de 1964. Durante sus 53 años de trayectoria artística viajó a países de América Latina y Europa, con el fin de demostrar a través de su música la cultura boliviana.

Logró reconocimiento y popularidad debido a que participa en varias festividades folklóricas de Bolivia.

martes, 13 de junio de 2017

Sucre Bandas de música no participarían de la entrada de la “U”

La Asociación Única de Bandas Profesionales de Música de Chuquisaca no participaría de la Entrada Universitaria debido que se sienten discriminada en el pago por operario por parte de los dirigentes de los centros de estudiantes de las diferentes carreras.

En una reunión, los dirigentes estudiantiles se comprometieron a pagar Bs 250 a 300 por músico, pero el pasado viernes los dirigentes de los Centros de Estudiantes redujeron el costo y por esta razón los músicos decidieron apartarse y no tocar en la Entrada Universitaria si no hay cambio en la postura de los universitarios, informó el dirigente del sector, Robert Condori.

domingo, 11 de junio de 2017

El platillero de banda



Cierta vez me preguntaron qué me hubiese gustado ser. Pensaron que mi opción de quién, más que de qué, estaría entre Günter Grass y García Márquez, pero no. Contesté que platillero en una banda. ¿No lo oyeron? Platillero, haciendo piruetas con los platos dorados, girándolos entre mis manos como si fuesen mariposas, en la celebración del Señor del Gran Poder, o del Gran Joder, vamos. Lo recordé este amanecer lluvioso —llueve menos que en Macondo— mientras la casetera tocaba La Motilona, cumbia de Los Alegres Diablos. Chas, chas, que aquí viene el ritmo, platillo en la cabeza, media vuelta, giro y contragiro, arriba, con los dedos, igual a los negros basquetbolistas norteamericanos que de la pelota hacen un mundo que da vueltas sin parar.

Contemplo las bandas, uno de los espectáculos impresionantes del universo, esa mixtura, de aparente caos en que multitud de instrumentos aúlla al mismo tiempo en angustiosa fraternidad. He pensado, leyendo novelas tradicionalistas y mirando fotos de las sociedades geográficas, que nos han registrado en la historia —a los bolivianos— como nativos taciturnos mirando el horizonte. Por detrás crece la hirsuta paja, se levantan peladas tetas/colinas de piedra implacable y un hato de llamas pasta en los confines del mundo. Pero Bolivia es país alegre, despiadado en el desenfreno, incluso entre aquellos taciturnos amoratados por el frío que cubren la melena de cabra debajo de chullos de lana con increíbles colores y diseños.

Tan alegre que me parece que la mejor representación del país, si tuviésemos que ponerle una concreta apariencia física, sería esa del platillero con un terno brilloso, blanco, gris metálico, rojo, algo chillón, discordante, que hace movimientos sensuales y cabriolas al mismo tiempo que produce música. Síntesis de un mestizaje que uno y otro lado tratan más que desdeñar, evitar.

Desde los platillos de la batería, que acompasan con suavidad las canciones y a veces se acarician con un ramillete, hasta los personales, algunos tan grandes como de un metro de diámetro; dorados, eso sí, porque hay que preciarse de una profesión sin duda más antigua que la de dar trasero por dinero, la de golpear dos objetos planos sin ritmo al principio y luego seguidos ya por otros sonidos que acompañan su básica y elocuente voz.

Cierto que el diablo, la diablada son imponentes, que cuando salen del socavón o de cualquier bar de la avenida Siles donde festeja el pasante, en medio de estruendo de cohetes, poca cosa se les puede comparar, pero si alguien no ha visto un platillero de Bolivia, tronado por el alcohol más que por la veneración del virginato o señorío, sudado en su piel de cobre que brilla con el agua, no ha visto nada. Porque si este platillero ya asimiló el infierno del ritmo y alucina con un opio, el de la música, que nos lleva a Baco o, más antiguo, al fuego mismo primigenio, nada lo podrá parar hasta que caiga rendido, sonido de metal al suelo, y duerma cubriéndose del sol con un plato que se calienta al rojo y lo despierta para continuar. ¿Dónde? Siempre hay dónde y siempre hay cuándo y nunca por qué. Como la patria que ríe pero no se la puede ver. Ni tampoco cuando llora.

Entrecierro los ojos porque no he dormido, no por veleidad de poetastro infeliz y exiliado que no soy. Por el sueño, y sabiendo que a través de él, de tanto pensar, de repetir una y otra un vinilo o un compacto inundado de platillos, he de convocar los fantasmas de ayer, cuando Bolivia pasaba penosamente de sociedad rural a esbozo urbano. Diablos, morenos, kusillos podrían ser los espectros de esa inevitable transformación. Si acaso la modernidad los acucia para renovar vestimenta, glorificar el milenio con aberraciones de mal gusto o lo que fuere, hay un espíritu que permanece incólume, anciano, que se sobrepone al tiempo y nos renueva a tiempo de devolvernos atrás.

Incluso en un entierro, cuando la banda toca un lento huayño de pena o ataca un bolero de caballos de guerra, suena el plato, espaciado, no enloquecido, de cuando en cuando, como una ráfaga de recuerdo con ruido de vidrio roto. Tubas, trombones, sensatos tambores apenas tocados y chas, chas, de a ratos, ya no el platillero con terno sino uno modesto, de camisa blanca, pantalón negro, avejentados zapatos de charol y olor a jabón de tocador con dejo de almizcle. Luego la pala deja caer la tierra encima del cajón, chas, chas, y el libro de horas se ha cerrado.

Platillero hasta el fin del mundo, obviando públicos y dioses, ensimismado, entusiasmado con dos soles amarrados a las muñecas como guantes de boxeo. Llevar el platillo a veces de sombrero, otra de abanico, y estrellarlo contra el otro y disfrutar como de cópula el temblor del bronce, mayor mientras mayor sea el diámetro, dorado porque tiene que ser, y fundido con sudor de herrero, gota de oro, pizca de plata y orín de burro.

Protagonismo de las bandas de música

Otros actores importantes de la festividad del Señor Jesús del Gran Poder son los músicos de las bandas que en esta versión totalizarán 7.000 miembros. Las bandas más cotizadas actualmente en el mercado son Intercontinental Poopó de Oruro (más de 100 músicos) y Proyección Murillo de La Paz con 130 músicos. Los aranceles diarios por cada miembro pueden variar alrededor de $us 100.

Las fraternidades de las danzas “pesadas”, que cuentan con más de 800 bailarines, tienen por lo general dos bandas, con un promedio de 60 músicos por banda; las fraternidades de danza liviana tienen bandas menos numerosas.

MIEMBROS

El número de músicos varía en cada agrupación de 30 a 100 miembros, según la cantidad de danzarines y el tipo de danza. Por ejemplo, para la versión 2017 de la entrada del Señor del Gran Poder, la Morenada Sociedad La Paz Maravilla del Mundo pasa de los 1.300 bailarines de los cuales 570 son mujeres, Rosas de Viacha supera 1.000 y Los Fanáticos bordean también 1.000. Hay muchas agrupaciones que por razones de manejo de cuentas y diferencias personales llegan a fraccionarse, conformando nuevas agrupaciones.

En cuanto a las orquestas tropicaleras, las más cotizadas en el mercado son los grupos, Veneno, La Bamba, Código Fer, América Pop, además de Son Dinamita y Ráfaga de Argentina, pero que radica en Bolivia. En grupos folklóricos se encuentran, Llajtaimanta, Semilla, Sajama Fusión, Hiru Hito y Los Intocables.

sábado, 10 de junio de 2017

La Espectacular Pagador se apoderó de la plaza 10 de Febrero

Celebrando sus 53 años de vida institucional, la Banda Espectacular Pagador se apoderó musicalmente de la plaza 10 de Febrero, cumpliendo con una presentación de primer nivel, demostrando por qué es considerada como una de las mejores bandas a nivel nacional, interpretando diferentes ritmos y siendo protagonistas del Carnaval de Oruro, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.

El presidente de la Federación Departamental de Bandas de Músicos Profesionales de Oruro (Fedbampo), Boris Villanueva, también integrante activo de la Espectacular Pagador, aseguró que es la banda civil más antigua del país, de donde se dividieron varias otras instituciones musicales.

"Hoy en día es considerado como embajador de la música y de nuestra cultura en el mundo entero, porque la Banda Pagador, en sus 53 años de vida institucional ha viajado por muchos países, estuvieron por España, Perú, Colombia, Chile, Brasil, Argentina, Nicaragua entre otros, por ello hay que valorar el trabajo que hace", refirió Villanueva.

Actualmente el directorio de la Banda Espectacular Pagador está integrada por René Espinoza como director; Edwin Caquegua como sub director; Mauricio Cruz como secretario de hacienda y Rodolfo Mamani como secretario de Deportes.

La Banda Espectacular Pagador se fundó el 9 de junio de 1964 por Gumercindo Licidio, desde entonces hasta la fecha, la banda siempre se caracteriza por mantener la calidad en la interpretación de cada una de las melodías, siendo la banda más numerosa de Oruro, con 220 integrantes en la actualidad. El repertorio que presentó la banda en su retreta de aniversario, contó con un programa variado, desde música clásica, música del acervo nacional, hasta ritmos modernos, como la salsa y el reggaetón.